
Francisco Ayala, narrador, ensaísta, sociólogo, crítico, sempre honesto consigo mesmo, afirma que "El verdadero ejercicio intelectual no consiste en seguir modas, sino en encararse con las dificultades de la propia época".
Como homenaxe invitámosvos a ler este fragmento de El jardín de las delicias, libro polo que recibiu en 1972 o Premio da Crítica:
"He visitado hoy el museo oriental de esta University of Chicago que voy a dejar, quizás para siempre, dentro de tres semanas.
En los seis o siete años que he estado aquí, quien sabe las veces que no habré pasado ante la puerta del museo, sin haber entrado nunca.
Pero ahora me voy de Chicago, quizás para siempre, y he querido verlo antes de irme.
Es pequeño el museo, y es excelente; bien merece su fama. Hay en él cosas asirias, egipcias.
Lo recorro, me demoro frente a las vitrinas, admiro joyas, estatuas.
Y por último, me detengo frente a la momia desnuda de una mujer.
Delante de ella me he quedado muy largo rato, contemplándola.
Sus pies, tan chiquititos.
Esas manos suyas, juntas, abajo, entre los muslos.
Sus pómulos.
La cabeza, de forma bellísima.
Los dientes, que relucen de blancos, los de abajo, los de arriba, y entre ambas hileras la lengua.
Sus hombros estrechos, la clavícula… no puedo dejar de contemplar el cuerpo de esta mujer que vivió hace veintisiete siglos.
Una ternura muy honda me inunda, una absurda ternura.
Veintisiete siglos hace vivió esta mujer, y yo ahora siento ante su cuerpo una emoción, una pena, como si me encontrara de pronto en presencia de alguien que acaba de morirse en plena juventud.
No es reverencia lo que siento, no es respeto arqueológico, ni temor, ni nada por el estilo: es una ternura insensata que casi me lleva al borde de las lágrimas. (Hablar de un misterioso reencuentro a través de los tiempos sonaría a literatura, bien lo sé. Basta, pues.)
Antes de retirarme, todavía echo una mirada última a la cabeza perfecta, al delgadísima cuello."
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